MIS 25 AÑOS EN LA ENSAD: 1ERA ETAPA de 1985 a 1987

Este 2024 estoy cumpliendo 25 años en la ENSAD (Escuela Nacional Superior de Arte Dramático), hoy UNAE (Universidad Nacional de Arte Escénico). Claro, no han sido 25 años continuos por varias razones, pero sobre todo porque creo en los ciclos y en la renovación. Para mí, la ENSAD es fundamentalmente docencia; por eso considero necesarias las pausas, que permiten generar más experiencia y conocimiento para luego regresar a compartir lo aprendido. 25 años en los que he sido docente, Coordinador de la Carrera de Diseño Escenográfico, Director de Producción Artística y Director Académico, acompañando las gestiones de Alfredo Ormeño, Arturo Villacorta, Ernesto Cabrejos, José Enrique Mavila, Juan Rivera Saavedra, Jorge Sarmiento y Lucía Lora.

Mi primer periodo fue de 1985 a 1987. Llegué a la escuela tras haber terminado la carrera de Arquitectura y cursar el segundo año de Pintura en la ENSABAP (Bellas Artes). Muchas cosas se cruzaron en ese momento: durante mis estudios universitarios había tenido un acercamiento al teatro experimental (tema de otra anécdota que me conecta con Mario Delgado y Teatro del Sol) y, estando en Bellas Artes, empezó a surgir mi interés por la escenografía. Era algo lógico al combinar mis capacidades, gustos y aptitudes.

Así llegué al Parque de la Exposición, buscando La Cabaña, el único local de la escuela en ese momento, con el objetivo de tomar cursos libres de Escenografía. Me recibieron bien, pero me informaron que esos cursos no existían (hoy tampoco). Sin embargo, terminé en la oficina de la Dirección. ¿Cómo llegué allí? No lo recuerdo, pero ese fue el inicio de estos 25 años.

El director, Alfredo Ormeño, después de una breve conversación, me ofreció cubrir una plaza de docencia en la asignatura de Dibujo Técnico. Regresé a mi oficina de arquitectura, en el centro de Lima, para buscar muestras de mi trabajo. Cuando volví, también estaban Ernesto Cabrejos y Eduardo Núñez, quienes evaluaron mis trabajos y me dieron el puesto. Estaba feliz, especialmente porque como parte del “enganche” tenía libre acceso a la biblioteca y podía asistir a las clases que quisiera.

Allí descubrí que sólo podía considerarme escenógrafo si antes era un hombre de teatro. Así fue: vivía entre libros y separatas de la biblioteca, participando en algunas de las clases de Hernando Cortés, Ernesto Ráez y Eduardo Núñez (allí aprendí iluminación, gran maestro) y cuando no estaba en el taller de Arturo Villacorta aprendiendo a elaborar máscaras, utilería y colaborando con bocetos para él y para Eduardo. Me sentía pleno a mis 23 años, colaborando en diseños y participando en el taller

Era una especie de profe-estudiante, descubriendo a Stanislavski, devorando a D’Amico y a Chejov, disfrutando de tertulias en la cafetería con Sergio Arrau y Juan Rivera Saavedra. En ese contexto descubro grupos como Cuatrotablas, Raíces y Maguey, mientras descubría a Grotowski y me emocionaba leyendo a Artaud. Ese 1985 fue intenso y formativo, sentó las bases de mi vínculo con la escuela y con quienes serían mis amigos y maestros: Alfredo Ormeño, Eduardo Núñez, Arturo Villacorta, Ernesto Cabrejos, Ernesto Ráez, Hernando Cortés, Sergio Arrau, Ismael Contreras, Rafael Hernández.


En 1986 conocí a Edgard Guillén, que había sido contratado como docente en la escuela, quien afianzó mi visión de un teatro experimental y arriesgado. Ese año fue mi verdadero inicio profesional en el teatro. Trabajé con Guillén en Chejov o Una mirada desde el jardín de los cerezos, participando en todo el proceso creativo. Diseñé iluminación y operé luz y sonido por primera vez. Para entonces, ya impartía cursos de Diseño Escenográfico, Dibujo Técnico y Arquitectura Teatral. Sentía que estaba formando nuevos escenógrafos.

Así transcurrieron esos tres años de aprendizaje y cuestionamiento, retroalimentados por mi trabajo artístico. Me movía entre mi labor como arquitecto, docente, artista plástico, escenógrafo, iluminador y hasta músico. Finalmente, llegó la primera pausa, necesaria para sistematizar y aplicar esos intensos años de acumulación de conocimiento y experiencia.

(Esta historia continuará...)

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